05/01/2013

Una obra que hace escuela

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Alfabetización, capacitación profesional, reinserción social: Arena Fonte Nova ya genera éxitos memorables

La mezcla del hormigón de cada uno de los gigantescos pilares que sostienen a la Arena Fonte Nova, en Salvador, también contiene el sudor de Edmilson da Silva Santos, 39 años. Carpintero, es uno de los trabajadores que participan en la preparación de las piezas de hormigón con que está armada la monumental estructura de la nueva arena. Pero la gran obra de Edmilson (o Galego, como es conocido) fue otra: haber construido el propio nombre. Es uno de los 15 trabajadores de la obra que egresaron en septiembre en la Escuela de Productividad, un curso de alfabetización que duró un año.

El programa forma parte de un conjunto de acciones sociales desarrolladas por el consorcio constructor de la arena, integrado por Odebrecht Infraestrutura y OAS y que benefició no solo a los integrantes sino también a la comunidad.

Antes del curso, el portugués Edmilson era, como él mismo define, “rústico, muy rústico”. Galego dice haber aprendido en el curso a leer y pronunciar “palabras difíciles”. “Hoy me comunico mucho mejor. Y, en casa, ya puedo ayudar a mi hija (Mônica, 9 años) con las tareas de la escuela”, se enorgullece.

De la alfabetización a la ciudadanía dista un paso. “Con el curso me siento más cualificado, siento que soy un profesional y tengo valor, que soy un ciudadano brasileño”, afirma Salvador Lisboa Conceição, 59 años, compañero de clase de Galego. Salvador, que sabe leer y escribir, aunque precisaba refrescar aprendizajes, es armador (integrante del equipo responsable del montaje de vigas de acero que sostienen el hormigón). “Mi trabajo no luce tanto, estará escondido”, bromea.

Sin embargo, Salvador tendrá algo mucho más valioso para mostrar: un “pasaporte” del consorcio Odebrecht/OAS entregado a los “egresados” del curso, que certifica la capacitación. “Eso, en el futuro, nos ayudará a abrir puertas. Es muy bueno para el currículo”.

Oportunidad

Un aviso a los hinchas: no hay que olvidarse que fue Márcia da Conceição Santos, 31 años, quien pintó de arriba abajo las instalaciones del Arena Fonte Nova: “Todo lo que veas pintado de blanco cuando vengas a ver un partido, eso lo pinté yo”, enfatiza. Ella fue contratada hace nueve meses gracias al programa Próximo Paso, que selecciona beneficiarios de la Ayuda Familia (Bolsa Família) para trabajar en la obra.

En sociedad con la Secretaría de Trabajo, Empleo, Renta y Deporte de Bahía (Setre) y con el Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial (Senai), el consorcio seleccionó y capacitó a 18 personas, 10 de las cuales ya fueron contratadas. Los cursos tuvieron una duración de 200 horas: 40 de conocimientos generales (lectura, razonamiento lógico y seguridad laboral, entre otros temas) y 160 de formación técnica, como armador de vigas, carpintero, montador de andamios y albañil.

En la obra, Márcia relata que ya hizo “de todo”. “Mi fuerte es la pintura, pero si un colega precisa ayuda con alguna otra cosa, pongo las manos en la masa. Vengo los feriados, soy un todoterreno”.

También seleccionada por el Próximo Passo, Tatiana Próculo dos Santos, 34 años, trabaja en la Arena hace poco más de un año. Entró como ayudante de albañil y, en apenas seis meses, fue ascendida. “Hice el curso de lectura de proyectos (por el Senai, con incentivo de la Arena) y hoy soy una profesional que evalúa la evolución de cada procedimiento de un sector de la obra”.

Estimulada con la nueva tarea, Tatiana ya definió su próximo paso: cursará el nivel técnico en edificaciones a partir del próximo año, luego que terminen las obras de la Arena.

Legado

Responsable de Comunicación, Personas y Organización y Asistencia Social en el consorcio, Thiago Cunha resume el propósito de todo el conjunto de acciones sociales de la Arena Fonte Nova: “Queremos mostrar que esta no es apenas una obra, un estadio. Somos un conjunto de personas que quiere dejar un legado”.

Además de las acciones destinadas a los integrantes, están también las que benefician al público externo, como el Intégrate a la Red, una sociedad com 15 empresas proveedoras que viabilizó la compra de computadoras, que al final serán donadas a la comunidad, y la oferta de cursos de inclusión digital destinados a moradores de barrios vecinos a la arena.

El Intégrate a la Red ya benefició a 131 personas. Una de ellas fue la secretaria Leila Góes Pereira, 46 años, que estaba fuera del mercado de trabajo porque no sabía computación. El curso intensivo, con 15 horas de duración, fue para ella un incentivo importante. “Ya no podía quedarme atrás”, afirma, animada.

Otra acción social desarrollada por la Arena es la asociación con Junior Achievement, empresa destinada a la identificación de potenciales emprendedores entre niños y adolescentes. Por medio de la asociación, profesionales de diversas áreas de la Arena fueron capacitados y se impartieron cursos de introducción al emprendedurismo a cerca de mil jóvenes de escuelas públicas de Salvador.

Uno de los “profesores” fue el ingeniero Igor Coelho Dantas, 26 años, que impartió clases básicas de finanzas, administración, estudios de viabilidad y marketing a jóvenes entre 15 y 17 años de edad. “En ese estamento social, de bajos ingresos, existen tantas dificultades que, a veces, la voluntad que el joven tiene de emprender, termina siendo anulada. Junior Achievement demuestra que convertirse en empresario no es algo tan complicado”, dice.

Desafío

Entre todos los programas que Thiago y su equipo coordinan, uno de ellos es el más delicado y, al mismo tiempo, el más audaz. Se trata del Comenzar de Nuevo, acción destinada a la reinserción social de personas condenadas por la justicia.

Desarrollado en sociedad con el Consejo Nacional de Justicia (CNJ) y con la Setre, el programa selecciona condenados en régimen de libertad condicional y ofrece cursos de capacitación para el trabajo en la construcción civil, antes de definir su contratación. Hasta ahora, 14 participaron del programa dentro de las instalaciones de la Arena.

Su incorporación a los equipos del consorcio se basa en reglas estrictas de confidencialidad en relación a su condición entre los colegas de trabajo. Solo los líderes directos saben y asumen el compromiso de integrarlos y tratarlos en forma igualitaria.

Uno de los integrantes que ingresaron a las obras por medio de este programa es montador de andamios, desde diciembre de 2011. Pidió al equipo de Odebrecht Informa que no se revelara su nombre y afirma que está en la etapa final del cumplimiento de su condena, de 16 años. La condena se reduce un día por cada tres trabajados, de modo que espera recuperar la libertad en 2013.

Por ahora, su rutina se resume a levantarse temprano, dirigirse a la Arena y retornar, al fin del día, al recinto donde está recluido. Por las normas del programa, tiene derecho al 70% de la remuneración que corresponde a un integrante contratado de forma convencional. No obstante, por su buen comportamiento y desempeño, desde el segundo mes recibe el mismo salario íntegro que los demás integrantes del consorcio, además de horas extras, canasta básica y aguinaldo.

“El querer tiene que nacer dentro de nosotros. Yo quise: advertí la oportunidad, y ella llegó”, dice. “Encaro esta oportunidad con mucha felicidad, mucha alegría, mucho placer. Aquí me siento como si fuese una persona cualquiera”, afirma. Y agrega, conteniendo una sonrisa: “Lo soy, en verdad”.