05/02/2013

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Experiencias internacionales del Programa Creer confirman su capacidad de adaptarse a las más diversas y desafiantes realidades

El Departamento de Malargüe, en la Provincia de Mendoza, Argentina, no se ajusta a la fama de productora de vinos de la capital provincial. La minería es otro pilar de la economía. Papa, cebolla y ajo son los principales productos de la región. En ese departamento, Odebrecht y Techint construyen para la empresa Vale la mina de potasio de Río Colorado, con capacidad de producción de 2,9 millones de t/ano. La llegada de la mina y el dinamismo de la economía generaron crecimiento a Malargüe y a otros seis departamentos mendocinos. Como consecuencia, aumentó la demanda por trabajadores capacitados. Fue en ese escenario que nació la primera edición del Programa de Capacitación Profesional Continua Creer (Acreditar) en territorio argentino.

Claudio Alejandro Flores, 36 años, trabajaba como albañil. Sin especialización, se inscribió en el Creer para el curso de electricista. “Es bueno tener un oficio y conocer todas las etapas de una obra”, dice. Tras finalizar la capacitación, Claudio abrió una pequeña empresa de construcción. La excosturera Orfilia Roca, 47 años, se capacitó en el programa como técnica en electricidad para servir de ejemplo a sus hijos. “Nunca tuve condiciones como para terminar los estudios y esa siempre fue una asignatura pendiente”, cuenta. Dos de sus hijos ya finalizaron el módulo básico del Creer.

Según Jorge Alfredo De Angeli, coordinador del programa, desde el inicio del Creer en Mendoza, en diciembre de 2011, se inscribieron más de 2.800 personas, 775 concluyeron los módulos básico y técnico y 85 ingresaron en las obras de la mina de potasio. Marina González Ugarte, responsable del programa en Odebrecht Argentina, afirma: “Es necesario pensar en el desarrollo local con inclusión social”.

De Brasil al mundo

Creado por Odebrecht en 2008, en Porto Velho, el Programa Creer fue concebido para capacitar trabajadores locales en las obras de la Usina Hidroeléctrica Santo Antônio. Después de cuatro años, la iniciativa se lleva adelante en 10 estados brasileños. Se inscribieron más de 117 mil personas, se cualificaron 53.300 y 34.500 fueron contratadas. Actualmente, nueve países, además de Brasil, desarrollan el programa (Angola, Argentina, Cuba, Colombia, Liberia, Mozambique, Perú, Panamá y Venezuela) y suman 36.900 inscripciones, 18.200 personas capacitadas y 7.600 contratadas.

En 2009, el programa llegó a Angola y se adaptó a la realidad de un país en crecimiento acelerado. Lo primero fue diagnosticar las demandas en los diversos contratos. La evaluación reveló lo que se convertiría en uno de los grandes desafíos: el bajo índice de escolaridad y la diferencia en el grado de instrucción entre los trabajadores.

“A partir de la experiencia brasileña, se desarrolló una dinámica educativa adaptada para y por el pueblo angoleño”, explica Adriana Correia Bezerra, responsable por el programa. En el primer año se inscribieron más de 3.200 personas y 1.200 fueron certificadas (en algunas categorías, Odebrecht contrató el 100% de los capacitados). Al día de hoy, hay más de 2.900 capacitados y 6.200 inscriptos. Otras empresas empezaron a contratar profesionales cualificados por el programa, que está posibilitando la creciente inserción de mujeres en el mercado laboral.

Las mujeres también se destacan en el programa en Mozambique, donde Odebrecht desarrolla los proyectos de construcción del Aeropuerto Internacional de Nacala y la expansión del Proyecto Carbón Moatize: 20% de los integrantes pertenecen al sexo femenino.

En un país donde el 48% de los adultos no sabe leer ni escribir, Nacala presenta un índice incluso más alarmante: 81% de las mujeres son analfabetas. El Creer Alfabetización fue concebido en agosto de 2012 para proporcionar formación a los educadores de la región, por medio de una metodología que valoriza la lectura y la escritura. En tres meses se certificaron 45 alfabetizadores.

En relación a los jóvenes de Mozambique (13 a 18 años), ellos tienen la oportunidad de comenzar la instrucción por medio del Creer Aprendiz, iniciado en Nacala en abril de 2012 y destinado a familiares de integrantes. “Consideramos que los adolescentes son protagonistas del cambio social”, subraya Adriana Brito, Responsable de Programas Sociales de Odebrecht en Mozambique. En siete meses, de los 56 jóvenes capacitados, 65% presentaron una evolución favorable en el desempeño escolar y más de 90% revelaron cambios positivos en el comportamiento. Con nuevos conocimientos, los aprendices crearon la Asociación de Jóvenes Protagonistas (AJP), que realiza grupos de ayuda mutua de limpieza y recolección de prendas de vestir y apoya la venta de cuadros elaborados con materiales reciclados. Sofia Saide, 17 años, es coordinadora de AJP. “Ser protagonista consiste en ser el primero que desempeña un papel y reunir fuerzas para buscar soluciones”.

El Creer Capacitación Profesional, por su parte, se lleva adelante en Nacala desde enero de 2012 y ya capacitó a 1.244 personas. También implantado en Moatize, en junio de 2012, en asociación con la empresa Vale, el programa formó a 578 personas en los oficios de carpintero, albañil y operador de excavadora.

Al igual que en Angola y Mozambique, en Guinea el Creer también sufrió adaptaciones. La primera fue el nombre, llamándose Programme Espoir, pues el francés es el idioma oficial del país. Según Lauren Pereira, Coordinadora de Relaciones Institucionales y Comunitarias de Odebrecht, el programa de Guinea se destina a los moradores contratados por la empresa, en la región de Kissidougou, ciudad sede del proyecto vial Simandou. En el módulo básico, todos reciben informaciones sobre salud, medioambiente y comportamiento, encaradas de forma que los integrantes puedan volcarlas a familiares y vecinos. “Influyendo a los trabajadores, transmitimos conocimientos a las personas fuera de la empresa”, dice Lauren.

Además del módulo básico, con 16 participantes, se capacitó a un grupo de 72 integrantes para la manutención de equipamientos. “El Espoir fue muy bien recibido por el cliente, Río Tinto, que tiene un plan de trabajo de 50 años en el país”, comenta Raimundo Filho, Coordinador de Entrenamiento de Equipamientos.

Entre los mecánicos contratados, se logró identificar al instructor Souleymane Doumbouya. Hablando fluidamente el francés, inglés e idiomas locales, su fama de buen profesor se expandió por la comunidad y pasó a ofrecer clases gratuitas en su propia casa. “Como saben que Odebrecht está aquí, capacitando personas, los jóvenes se esfuerzan más con los estudios para mejorar de vida y crecer”, relata. “Queremos capacitar guineanos para que trabajen en otras empresas o, incluso, para que inicien su propio negocio”, destaca Daniel Fernandes, Gerente de Construcción del proyecto.

Más trabajo, menos violencia

Volviendo al continente americano, en Panamá, Jennifer Bartley, 30 años, y Mauricio Castillo Harding, 45 años, aprovecharon las oportunidades proporcionadas por el Creer. Ellos nacieron y viven en Chorrillo, comunidad humilde de Ciudad de Panamá, donde Odebrecht ejecuta la tercera etapa del proyecto Cinta Costera.

“Mi madre decía que el trabajo en una obra es cosa de hombre”, dice Jennifer. “Pero a mí me gusta construir y transformar cosas”. Después de trabajar en los sectores de peluquería y carpintería, participó en el módulo básico del Creer en octubre de 2011. Comenzó en el proyecto Cinta Costera III como ayudante general, buscó nuevos desafíos, se convirtió en encargada de depósito y hoy es apuntadora en el equipo de Personas. “Quiero aprender a leer y entender plantas de proyectos. En Odebrecht el aprendizaje nunca termina”. Mauricio Castillo tuvo una peluquería, hizo trabajos zafrales de soldadura y vendió meriendas. Participó del módulo básico del programa, fue ayudante general y después pasó a soldador, su función actual. “Quiero estudiar ingeniería”, revela.

El Programa Creer comenzó en las obras de la Cinta Costera III en octubre de 2011. Los dos primeros grupos estaban compuestos por 500 trabajadores, todos de Chorrillo, una región que tenía una larga y grave historia de violencia. “Se certificaron 440 personas y más de la mitad fue contratada para trabajar en la obra”, informa Arturo Graell, Gerente Administrativo y Financiero.

Los participantes tienen entre 18 y 60 años, de los cuales 30% son mujeres. Cinta Costera es el primer proyecto de la empresa que lleva adelante el Creer. Los beneficios que el programa trae a la comunidad van más allá de la generación de oportunidades de trabajo e ingreso. “La violencia cayó. El Creer está ayudando a la comunidad de Chorrilo a elevar su autoestima”, asegura Arturo.